Se habla del "espíritu navideño" muchas veces como una especie de sentimiento de alegría y solidaridad. Como algo, un tanto misterioso, que se extiende entre la gente y que va asociado a la generosidad a la hora de compartir.
Da la impresión de que "las fiestas" son el momento de decir "ya está bien de egoísmos". Es el momento de dejar de pensar sólo en lo que quiero para mí y regalar también a los demás.
De aquí a una cierta euforia que impulsa a salir de compras no hay más que un paso.
Hoy esta fiesta se ha convertido en la ocasión más grande para reunirse, comer, beber y regalarse.
A menudo muchos nos olvidamos de qué se trata realmente y nos vemos llevados a todo aquello por el buen arte de los departamentos de marketing (quienes hacen un magnífico trabajo, hay que reconocerlo). En muchos aspectos esto es positivo.
Sólo que es ¡tanto! que nos esconde lo esencial, de qué va el tema verdaderamente.
Me decía un amigo hace poco: deberíamos ver más allá. Creo que la Navidad no es solamente eso. En general nos acordamos de la fe sólo cuando vamos a la iglesia. Por lo que sea, la misa del domingo, cuatro bodas, un funeral y alguna comunión...
Esta vez, intentaré junto a los míos que la Navidad sea también algo más.
Quería compartirlo con vosotros.
Os deseo pues: que os reunáis con amigos y padres y hermanos. Que celebréis con la mejor comida y bebida ya que la ocasión lo amerita. Que compartáis con generosidad regalos para todos los que podáis, sin olvidar a los que tienen menos. Que contagiéis la felicidad de esta fiesta a todos los que os rodean. Y que guardéis un momento central de la celebración (medianoche en Nochebuena?) para que, en una pequeña y sencilla oración, déis gracias a Dios por todo, especialmente por su Nacimiento y por estar con nosotros.
¡Feliz Navidad!

PD: al que no sea creyente, le deseo todo lo mismo, con mi más profundo respeto y que en el futuro pueda encontrar también la fe.
Borja Mesones
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